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Relato: Por una mirada un mundo

domingo, 8 de septiembre de 2013
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(http://www.storyjumper.com/book/index/9134732/Por-una-Mirada-un-Mundo)

PROPUESTA

POR UNA MIRADA, UN MUNDO 
por  Ana Galindo

Ella, por más que la observaras, nunca sonreía. En realidad nadie sabía porqué, pero así era. En su mirada había un halo mustio de permanente amargura, un triste abandono que te encogía el interior. Sus ojos, en vez de reflejar los colores y las formas que paseaban delante suya, proyectaban una fragilidad austera que contagiaba a todas las cosas de una tenue frialdad, convirtiendo todo a su alrededor en permanente sombra. Entonces nadie le hablaba, porque todo el mundo pensaba que era muda, evitando su cercanía, e imaginando su hosca actitud. Así la percibían todos.
Todo, menos yo.

 Armado de valor, intenté fijar de una vez por todas, su mirada esquiva. ..
Aproveché el sonido de unas solitarias monedas en mi bolsillo para hacerle salir de su letargo ausente y giró su cabeza hacia mí. En ese momento, tras una carraspera interminable, esbocé un gesto de profunda bondad, iluminando el hueco que nos separaba con un tenue resplandor de confianza. Acompañé mi mueca con una mirada propia de un ángel, de la mano de una sonrisa sincera. Clavé mis ojos en el mismo centro de los suyos y los sujeté como un eclipse sujeta la luz del día. En ese momento el silencio habló por los poros del viento que arrastrábamos tras nuestros sonidos. 

Porque cuando se ama no existen las sombras, y uno ve de otra manera (e incluso más lejos de la mirada infinita)

Me coloqué bien la chaqueta y, tras unos instantes de duda interminable, respiré profundamente y traspasé las fronteras del silencio que nos vigilaba con una voz profunda, firme y acogedora.

Aquel día ella se dio cuenta de que yo existía, y sus pupilas comenzaron a devolver la luz que emitían las cosas. Fue en ese instante cuando encontraron su camino las palabras; las suyas y las mías. Al principio se confundían. Después, ellas mismas pusieron orden y adquirieron su propio ritmo. Ahora ella sonríe. Sonríe siempre. Y, aunque su voz suena débil y cadente cuando habla con otros, se vuelve canto febril cuando lo hace conmigo.

Tu mirada me hace grande

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