
Era una mañana en la que los pajarillos parecían felices, tras la ventana,
No tenía parecido a lo que más tarde se esperaba,
pues una batalla inesperada, en el verde pasto, comenzaba a nacer.
El motivo era muy difícil de comprender.
Se había iniciado una guerra, y yo quedé desolado.
La muerte no perdona pero te abandona, pensaba en mi interior.
Con miedo a perderla, soñaba que no pasaba nada y nos refugiamos en la playa del olvido
Pero la verdad era sabia. Desde entonces todos los días me despierto por la madrugada
esperando con ansia, la sonrisa plateada de mi amada.
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